Rodrigo Anfruns Papi
Justicia reabre caso Anfruns tras 25 años por nuevo testimonio SI P.P.V. NO ASESINÓ A RODRIGO ANFRUNS, ENTONCES ¿QUIÉN LO HIZO? El Mercurio Jueves 12 de agosto de 2004 El Mercurio - Sábado 14 de agosto de 2004
30 de Julio 2004 La Nacion Senador Fernández acusado en querella por crimen de niño Con esta imagen fue buscado durante 11 días el niño. El caso causó conmoción entre los chilenos y los afiches con su rostros estaban en todo el país. El ex ministro del Interior y actual senador Sergio Fernández (UDI), aparece como uno de quienes tendrá que aclarar ante la justicia, porqué en 1979 avaló el encubrimiento del crimen del niño Rodrigo Anfruns Papi, confirmando la versión falsa de las policías que operaban bajo su dependencia. Fernández fue acusado en una querella interpuesta ayer, donde se le acusa de cubrir una versión oficial y mentirosa para encubrir el crimen del niño, al igual que a la ex ministra de Justicia, Mónica Madariaga. En la querella por secuestro, tortura y homicidio presentada por la madre del niño Paola Papi Beyer, ante el 17o Juzgado del Crimen de Santiago, se sostiene que ambos ministros de la época dieron una conferencia de prensa para confirmar la versión falsa que sobre el crimen dio la Policía de Investigaciones y Carabineros. En la oportunidad dijeron que el niño había sido asesinado por el entonces menor de edad Patricio Pincheira Villalobos, por asuntos personales. Quien también quedó gravemente cuestionado en la querella es el actual ministro de la Corte Suprema, Ricardo Gálvez Blanco, a quien el oficial (R) de carabineros, Jorge Rodríguez Márquez, acusó de no tomar en cuenta sus declaraciones como testigo presencial, cuando dos detectives botan el cuerpo del menor Anfruns a un sitio eriazo días después de su desaparición. Según establece la querella, Rodríguez, quien fue entrevistado anoche por el programa Informe Especial de TVN, afirma que el entonces juez del Sexto Juzgado del Crimen, Ricardo Gálvez “desvirtuó” sus declaraciones sobre la verdad de lo ocurrido. “Al término de cada declaración nosotros le decíamos eso (a Gálvez) y si ustedes revisan el expediente, en cada cosa que nosotros decíamos se iba desvirtuando”. Rodríguez sostiene que al juez Gálvez también le contaron lo sucedido sus compañeros en la institución, Arnoldo Insunza (oficial) y Eduardo Guerrero (cabo), con quienes había formado equipo para tratar de aclarar el caso por expresa orden del “general de instrucción” Rodolfo Stange, quien estaba emparentado con la familia. El oficial (R) de Carabineros acusó más directamente al ministro Gálvez al expresar que éste le dijo que lo que él estaba afirmando “no es tan así no más”, agregándole que para eso existía ya una versión “oficial”. “Nosotros no tuvimos ni la libertad ni el tiempo de poder expresarle al ministro (Gálvez) todo lo que nosotros sabíamos, lo que habíamos visto y todo lo que logramos hacer durante todos esos días. Ni siquiera tuvimos la posibilidad de contarle a él los procedimientos que se hicieron con los rastreos policiales, los rastreos de las calles, del terreno, la gente que lo presenció, el porqué nosotros estábamos tan seguros de que el cuerpo no estaba ahí (donde lo fueron a botar) y el porqué no trascendió. Hay otros oficiales que en los diarios de la época decían lo mismo. Además, (el juez Gálvez) no nos consultó ni se nos permitió decirlo”, sigue acusando Rodríguez al actual ministro Ricardo Gálvez. El magistrado no quiso ayer hacer declaraciones al respecto cuando se le preguntó su opinión. El entonces juez Gálvez simplemente sobreseyó el caso, quedándose sólo con la versión de que el crimen lo había cometido el menor Pincheira, desestimando los antecedentes que le declararon estos testigos presenciales. Poco después, el expediente del juez Gálvez desapareció, hasta hoy. Orden El oficial (R) Rodríguez afirma que cuando descubren esa madrugada a los dos detectives (que no están identificados) que van a tirar el cuerpo del niño, los detienen y los conducen a la comisaría de calle Miguel Claro “con el cuerpo de Rodrigo todavía en el portamaleta”. Pero cuando llegan al cuartel policial “salió el oficial de guardia de la 14a Comisaría de Providencia y nos dijo que había recibido instrucciones del comisario de dejar todo sin efecto”. Rodríguez dice que dos días antes de que descubriera a los dos hombres que fueron a botar el cuerpo “recibimos instrucciones de retirar todos los puntos fijos y abandonar toda la investigación que hacíamos”. Expresa que eso fue “por una disposición del alto mando” de Carabineros, cuyo general director era el general César Mendoza. Rodríguez piensa que el general Rodolfo Stange, quien les había aportado equipos, perros y vehículos para investigar, no fue quien ordenó parar la búsqueda. “Yo creo que esto se manejó más a niveles de la dirección general, del general Mendoza o del coronel Blu”, manifestó. Según la querella, también deberán dar cuenta a la justicia del ocultamiento de la verdad, las autoridades que entonces conformaban el alto mando de Carabineros, y el ex director de la Policía de Investigaciones, general (R) Ernesto Baeza Michelsen, el subdirector Carlos Aranda, el ex jefe del área metropolitana de esta policía Juan Salinas, y un “prefecto Opazo”, ex jefe de la Brigada de Homicidios. Todos ellos aparecen también sindicados en la acción legal. El libro Las revelaciones de este testigo directo de cómo dos funcionarios de Investigaciones botaron el cuerpo del niño que había permanecido secuestrado entre el 3 de junio de 1979 y el 14 de ese mes cuando apareció su cadáver, fueron posibles gracias al libro que la periodista Soledad Pino escribió en 2003, titulado “Una verdad pendiente, la desaparición de Rodrigo Anfruns”. En su contenido golpeó fuertemente la conciencia del oficial (R) Jorge Rodríguez. La periodista hurgó por años detalles, pistas, buscó fuentes, confrontó a algunos de quienes sostuvieron la versión falsa, y llegó hasta mantener conversaciones con algunos de los ex agentes “más famosos” de la Central Nacional de Informaciones. 18 de Septiembre 2004 Punto Final Rodrigo Anfruns, víctima de la CNI “Fue una pesadilla que nos azotó durante once días y llegó a alcanzar a todos los chilenos. Mi nieto, Rodrigo Anfruns, de seis años, desapareció desde mi casa la tarde del domingo 3 de junio de 1979, luego de salir a jugar con otros niños. Aún tengo grabada en mi memoria su carita hermosa y sonriente, diciéndome que estaba deliciosa la comida que le preparé ese último día que pude estar junto a él”. Este es uno de los recuerdos que dejó Guillermina Stange Wistuba, la abuela paterna del niño, ya fallecida, en el libro de la periodista Soledad Pino Una verdad pendiente, la desaparición de Rodrigo Anfruns Papi (Random House-Mondadori), publicado en octubre del año pasado. Tres días después del secuestro de Rodrigo, un policía de civil le preguntó a Guillermina qué había almorzado el niño ese domingo. Respondió: “Carne y papas”. Cuando apareció el cadáver de su nieto, once días después, la autopsia reveló que en su estómago había “carne y papas a medio digerir”. Ese dato, que mucho tiene de macabro como tantos otros aspectos de este crimen, fue valorado como “clave” en el proceso sustanciado por Ricardo Gálvez Blanco, actual ministro de la Corte Suprema. Supuestamente, demostraba que el niño había sido asesinado el mismo día de su desaparición, y en el mismo lugar en que fue hallado -un sitio eriazo inmediato a la casa de la abuela del pequeño-, lo cual simplificaba las cosas. Bastaba con presentar un solo homicida: el adolescente de 16 años Patricio Pincheira Villanueva (PPV) quien, en un acto de locura momentánea, lo habría asfixiado aplastando la cara de Rodrigo en la tierra, luego de haber intentado abusar de él. Así, el crimen pasaba a ser un hecho policial más, ejecutado por un adolescente desequilibrado. Pocos creyeron la versión oficial. Había demasiadas contradicciones. Una primera autopsia -desestimada en el proceso- señalaba que, por el estado del cuerpo, el niño no llevaba más de dos o tres días sin vida, que su estómago tenía evidencias de haber pasado por un largo período de inanición antes de volver a recibir como alimento la carne y las papas que no alcanzó a digerir... y que había sido torturado. Tenía marcas de ataduras en las piernas, evidencias de haber recibido golpes y quemaduras -probablemente producidas por cigarrillos- en diversas partes de su cuerpo, incluido el rostro. El informe legista indica que la causa de muerte fue asfixia por sofocación. En todo esto se percibía la mano represiva de la dictadura militar, que desangraba a Chile con extrema crueldad. Otros indicios también restaban credibilidad al proceso, que se cerró tras declarar sin discernimiento a Patricio Pincheira. El más contundente lo aportaron los carabineros que habían iniciado las pesquisas el 3 de junio. Insistían en la minuciosidad con que innumerables veces habían revisado, con y sin el apoyo de perros entrenados, el terreno baldío donde el 14 de junio se descubrió el cadáver apenas cubierto por una delgada capa de tierra. Aseguraban que el cuerpo no había estado siempre en ese lugar, como pretendía la versión de Investigaciones. Las justificaciones para rebatir estos argumentos eran absurdas. Tuvieron que pasar 25 años para que el entonces teniente de Carabineros Jorge Rodríguez Márquez, de la 14ª Comisaría -hoy retirado y convertido en empresario, en Punta Arenas-, se atreviera a entregar su testimonio a la madre de Rodrigo, Paola Papi, desafiando las amenazas que forzaron su silencio. En el programa Informe Especial, transmitido por TVN el pasado 29 de julio, declaró: “Yo soy testigo de que a él lo trajeron (...) nosotros vimos ingresar el vehículo y vimos el cuerpo de Rodrigo en el portamaletas. Era un vehículo típico de la gente de Investigaciones o de la CNI de la época, no recuerdo la marca, pero tipo Opala, verde oscuro”. El y otros dos oficiales, Arnoldo Inzunza y Eduardo Guerrero, no habían acatado la repentina orden superior de retirar los puntos fijos que habían mantenido en torno a la casa de los abuelos, desde que Rodrigo Anfruns fue secuestrado, y abandonar la investigación. Así, entre las 4 y las 5 de la madrugada del 14 de junio pudieron ver entrar al sitio eriazo el vehículo que Rodríguez describe en su relato. De éste bajaron dos hombres que abrieron el portamaletas. Los uniformados se acercaron y vieron el cuerpo sin vida del niño. Los recién llegados les dijeron que eran de Investigaciones y mostraron una identificación que no se detuvieron a examinar. En el mismo auto se los llevaron hasta la 14ª Comisaría de Carabineros. En el trayecto no vieron otros vehículos, pero sí captaron comunicaciones de radio. Cuando llegaron al cuartel, no alcanzaron a entrar, menos aún a abrir la boca. Por orden del comisario “el procedimiento debía quedar sin efecto”. Al otro día escucharon la noticia: habían encontrado el cuerpo de Rodrigo en el sitio eriazo “y siempre había estado ahí”. Ni a Rodríguez ni a los demás uniformados que estaban investigando el caso los dejaron acercarse al lugar. Este testimonio coincide con lo declarado al diario El Mercurio (17/06/79) por Rosa Godoy, quien ocupaba con su marido la única vivienda existente en el sitio baldío. Al preguntarle si habían ido policías al lugar antes del día en que apareció el cadáver, respondió con inocencia “estuvieron como a las cuatro de la madrugada, pero no nos dijeron nada a nosotros. Llamaron sólo al dueño del garaje y lo citaron al juzgado”. Otros uniformados plantearon sus objeciones a través de los medios de comunicación. Pero órdenes del director de Carabineros y miembro de la junta militar de gobierno, César Mendoza, los hicieron callar. Quien las transmitió fue el comisario de la unidad, mayor Julio Mardones Ferrada, actual general en retiro. Nueva investigacion La decisión de Rodríguez Márquez de romper su silencio fue gatillada en gran medida por la publicación de la periodista Soledad Pino. La prensa de derecha ha tratado de descalificarlo, por haber participado en la salida del país del químico de la Dina Eugenio Berríos, junto a su hermano Pablo Rodríguez Márquez, oficial de ejército retirado y ex miembro de la dirección de inteligencia de la institución. Jorge Rodríguez, hasta su retiro, trabajó en unidades operativas y en el departamento de comunicaciones de la policía uniformada. Sin embargo, a Paola Papi no le hacen mella las descalificaciones. Confía plenamente en él y le consta su sincera preocupación por la suerte de su hijo desde que ocurrió el secuestro. Con los nuevos antecedentes aportados por el oficial en retiro, la madre de Rodrigo presentó, el 29 de julio, una querella criminal en el 17° Juzgado del Crimen de Santiago, a través del abogado de derechos humanos Roberto Celedón. Está dirigida contra los agentes del Estado que resulten responsables por el secuestro, torturas y homicidio calificado de su hijo. Por tratarse de delitos de lesa humanidad, según la legislación internacional sobre derechos humanos suscrita por Chile, no prescriben ni pueden amnistiarse. La querella menciona al ex ministro del Interior de la dictadura y hoy senador UDI, Sergio Fernández. Y también a la ex ministra de Justicia, Mónica Madariaga. Ambos avalaron la falsa versión oficial entregada por el general Ernesto Baeza Michelsen, director general de Investigaciones en esa época y vínculo de la institución con la naciente CNI, creada en 1978. La querella también cuestiona al actual ministro de la Corte Suprema, Ricardo Gálvez Blanco, quien desestimó las declaraciones de Rodríguez Márquez en el proceso. Tampoco tomó en cuenta la primera autopsia de Rodrigo, efectuada en el Instituto Médico Legal. La jueza titular del 17° Juzgado del Crimen, Patricia González, acogió la querella y abrió un sumario ordenando varias diligencias, entre ellas investigar la “sustracción o hurto” del expediente desde el Sexto Juzgado del Crimen (Rol N° 53.407-6), misión entregada al Departamento Quinto de Investigaciones. También desapareció el archivo de antecedentes del caso desde la Brigada de Homicidios. ¿Por que rodrigo? A diferencia de otras víctimas de los aparatos represivos de la dictadura militar, la familia Anfruns Papi vivía alejada de la política. A lo más, el padre de Rodrigo, Jaime Patricio Anfruns Stange -fallecido en 2001 a causa de un cáncer- sentía cierta simpatía por la DC. La madre, Paola Papi, es hermana del abogado Mario Papi Beyer, ex senador del Partido Radical Social Demócrata (PRSD). Y eso era todo. Los vínculos más comprometedores tenían relación con el mundo militar. La madre de Jaime Anfruns, Guillermina Stange, prima lejana del general Rodolfo Stange, estaba casada en segundas nupcias con el coronel de ejército Alberto Iraçabal Irigoen, quien ejercía el cargo de subdirector de Correos de Chile. En esta empresa estaba actuando la CNI, lo cual había provocado roces con el coronel Iraçabal, que se oponía a la violación de la correspondencia. Como el secuestro de Rodrigo ocurrió cuando el niño se encontraba en su casa, una de las hipótesis que se barajaron es que podría ser una forma de represalia por su comportamiento. Sin embargo, hay otras motivaciones que podrían explicar el ensañamiento que se descargó sobre el niño Anfruns. El hijo del coronel, Luis Iraçabal Lobo, era capitán de ejército de la rama de Ingenieros y pertenecía a la CNI, igual que su hermana Cristina y su primera mujer, Maritza Aracena Robert. Su suegra era secretaria del director de Investigaciones, Ernesto Baeza. Iraçabal había estado en el Regimiento de Tejas Verdes, donde había estrechado lazos con Manuel Contreras. Las investigaciones periodísticas aportan importantes antecedentes que ayudan a aclarar el cuadro en que se inserta el secuestro y homicidio de Rodrigo Anfruns. En una entrevista efectuada por Silvia Peña, publicada en la revista Caras en octubre del año pasado, la autora del libro sobre el caso Anfruns señaló: “El rol de este capitán estaba en las altas esferas de la CNI, encargadas del financiamiento de este organismo. El general Pinochet trataba de recuperar la economía, por lo que no se destinaba ni un peso para los entes de seguridad. Debían autofinanciarse. Y la manera era a través de Famae. Hay investigaciones del diario español Mundo, que establecen que existían empresas de pantalla para vender armas. Iraçabal Lobo estaba a cargo de este negocio. Parece ser que quiso pasarse de listo -algunos dicen que coludido con Manuel Contreras- y hacer un negocio propio. Esto despertó la ira de sus pares, quienes decidieron tomar a Rodrigo Anfruns para intimidarlo” (24/10/03). ¿Por qué desquitarse con Rodrigo, si se pretendía amedrentar o dañar a este hombre de la CNI? Según algunas versiones, fue una forma de advertirle a Luis Iraçabal Lobo lo que podría ocurrir a su propio hijo. Había cierta cercanía entre Luis Iraçabal y Jaime Anfruns. Jaime había nacido en Puerto Montt, pero vivió toda su infancia y primera juventud en Osorno. De acuerdo con antecedentes recopilados por El Diario Austral (31/07/04) de esa ciudad, a comienzos de los 70, cuando estudiaba ingeniería en minas en la Universidad de Chile, conoció a Iraçabal, quien se encontraba en el Regimiento Arauco. Luego, cuando falleció el padre de Anfruns, la familia se trasladó a Santiago donde, posteriormente, Guillermina Stange se casó con el padre de Luis Iraçabal, lo que los emparentó. Pero sus caminos no eran convergentes. Mientras Jaime Anfruns partió por dos años a Londres con su esposa, para hacer un doctorado -allá nació Rodrigo-, el militar Iraçabal Lobo mantenía una estrecha relación con los aparatos de finanzas de la Dina y la CNI. Pero la relación familiar los unía y en muchas ocasiones compartieron con sus respectivos hijos. Cuando Rodrigo fue asesinado, el capitán Luis Iraçabal Lobo prometió todo tipo de ayuda. Pero a los pocos días, se fue con su familia a España -incluida la suegra, que trabajaba con Baeza en Investigaciones-, donde permaneció dos años. Y no hubo más contactos entre ellos. Sin duda, Iraçabal continuó en el negocio de las armas. Pinochet lo ascendió a general de brigada. Entre 1990 y 1992 dirigió la Academia Politécnica Militar y, posteriormente, fue director de Famae. En esa calidad acompañó a Pinochet, en 1995, en su viaje a Inglaterra y Malasia. También encabezó una delegación militar que visitó al ex dictador en su millonaria prisión de Virginia Waters, en 1999. En esa ocasión fue portador de la condecoración 11 de Septiembre, que los ex uniformados otorgan “a quienes se destacan por sus valores y principios”. El año pasado, estuvo en la Comisión de Defensa de la Cámara de Diputados, para insistir en la viabilidad del fracasado proyecto Rayo, junto con un representante de la Royal Ordnance. Y sigue siendo un asiduo visitante de sus amigos encarcelados, Manuel Contreras y Alvaro Corbalán. Si la jueza titular del 17° Juzgado del Crimen, Patricia González, quiere llegar realmente a la verdad en el crimen del niño Rodrigo Anfruns, tendría que llamar a declarar a Iraçabal. Y es probable que surja más de un nexo con los millones de dólares que Pinochet ocultó en el Riggs Bank 21 de Febrero 2005 El Mostrador Cuerpo de Rodrigo Anfruns no estuvo en el sitio eriazo donde fue encontrado A pocos días de que el caso de Rodrigo Anfruns fuera reabierto por la justicia, un testigo que resultaría clave para esta nueva investigación tomó contacto con un conocido penalista de la capital con el objeto de prestar testimonio ante la jueza del 17º Juzgado del Crimen de Santiago, Patricia González. Se trata de Cristián Verdugo, uno de los niños que vivió en el sector de Providencia en el que se ubica la casa de la abuela paterna del menor, que en el año 1979 fue hallado muerto después de 11 días de estar desaparecido y cuyo caso conmocionó en su momento a la opinión pública. Actualmente, Verdugo vive en la ciudad de Punta Arenas, lugar donde trabaja en una conocida cadena hotelera. Por ese motivo, su testimonio fue registrado mediante un exhorto que envió la magistrado que sustancia la causa. De esta forma, se transformó en uno más de los 50 testimonios que han sido registrados en este proceso, el cual suma ya cuatro tomos de expediente. Consultado por El Mostrador.cl, el aludido confirmó que efectuó esta declaración. Sin embargo, declinó entregar cualquier detalle de la misma argumentando que el caso se encuentra bajo secreto de sumario, por lo cual no se referirá al tema. Hombres de anteojos oscuros Empero, fuentes allegadas a este proceso dan cuenta que las afirmaciones hechas por el ex vecino de Guillermina Stange (abuela de Rodrigo), resultan decidoras a la hora de establecer que los restos del menor no estuvieron en el sitio eriazo, como lo sindica la tesis judicial que dio por resuelto el caso y finalizó con la condena de P.P.V. como autor del crimen. La declaración de Verdugo sostiene que, junto a sus amigos de la época, solía jugar a la pelota en ese terreno baldío, costumbre que se mantuvo durante los días en que el niño Anfruns estuvo desaparecido. Por ese motivo, asegura que su cuerpo inerte no pudo estar entre las ramas de una mata de palqui y la pandereta, donde finalmente fue encontrado. Su apreciación se basa en que, en reiteradas ocasiones, el balón de fútbol cayó en ese sitio y que, por lo tanto, ellos habrían sido los primeros en descubrir los restos mortales del niño que mantenía en vilo a toda la población chilena. Pero no sólo eso sustentó su declaración, ya que además precisó que la tarde anterior a que el cuerpo fuera descubierto, sujetos de terno y corbata, cubiertos por anteojos oscuros, los expulsaron del lugar sin más explicaciones. Estos hechos, según dijo, nunca los relató ante el magistrado que sustanció el proceso, Ricardo Gálvez, ni tampoco ante la policía, ya que siempre pensó que su testimonio no tendría validez por ser menor de edad. Nuevas contradicciones de los médicos forenses Por otra parte, en sus declaraciones judiciales – a las que tuvo acceso este medio en exclusiva- el perito de Investigaciones, Alberto Teke S., quien tuvo a su cargo los primeros análisis que se realizaron sobre el cadáver del niño en el sitio del suceso, cayó en evidentes contradicciones respecto a cómo estaba el cadáver de Rodrigo. Según los antecedentes que obran en el antiguo proceso judicial, el Subcomisario de Investigaciones, Raúl Maturana G., describió que el cuerpo del niño fue encontrado de costado lateral derecho, con los brazos y piernas flectadas en sus articulaciones. Sólo estaba vestido desde el tórax hacia arriba, con un suéter de lana de cuello redondo, una camisa tipo escocés desgarrada en los costados (de la cual faltaba un trozo de género) y camiseta de color blanco. “En la región glútea del cadáver se encuentra un slip de color blanco, con restos de defecación y bajo éste un trozo de género que corresponde a una manga de la camisa escocesa”, consigna dicho informe, en el cual también se especifica que no tenía puestos ni los calcetines, ni los zapatos. La penúltima prenda enumerada tiene una importancia vital en el detalle del crimen, ya que según la confesión de P.P.V., desnudo los pies del niño con el objeto de limpiar las nalgas de su supuesta víctima, ya que producto de la asfixia se relajaron sus esfínteres. En tanto, en su comparencia ante el tribunal, al pasado 19 de agosto, el doctor Teke aseguró que cuando llegó al sitio del suceso todo estaba intacto, ya que estaban a la espera de su llegada para comenzar con la diligencia. Sin embargo, la descripción de cómo encontró el cuerpo de Rodrigo difiere absolutamente de la versión policial que, en esos años, él mismo ratificó. Según su relato actual, el niño estaba totalmente estirado, no pudiendo precisar si de espaldas o boca abajo. En cuanto a la vestimenta, señaló que el menor estaba vestido y que la ropa no tenía destrozos, mientras que sólo los pantalones presentaban signos de defecación. Lo curioso es que su testimonio incluye el detalle de los calzoncillos y los calcetines, los cuales ahora –dijo- estaban puestos, así también como un zapato. Asimismo, deja abierta la posibilidad de que el cuerpo no estuviera en ese sitio, dada la ausencia de insectos, lo cual en 1979 descartó tajantemente. Asociación ilícita El abogado de la familia Anfruns, Roberto Celedón, opinó que de comprobarse que los profesionales que practicaron estos análisis falsearon la información, significaría que estos cometieron delitos para encubrir un ilícito cometido por otros agentes del Estado. “Habría una asociación ilícita entre los sujetos que actuaron en el secuestro, tortura y muerte del niño, con los que participaron con posterioridad para encubrir este delito”, sostuvo al anunciar que luego que dos informes pendientes lleguen al tribunal podría pedir que los doctores José Luis Vásquez, Alberto Teke y el ex director del Servicio Médico Legal (SML), Claudio Molina Fraga, sean procesados por ese delito, además bajo la figura de encubridores y falsificación de instrumento público. “Este caso conmocionó a la opinión pública, por lo que ninguno puede alegar ignorancia”, recalcó afirmando que ya es un hecho de la causa que el cuerpo de Rodrigo no estuvo en ese sitio eriazo durante los días que estuvo desaparecido. “Falta solamente encontrar quienes fueron los autores del secuestro, tortura y asesinato del niño”, concluyó, manifestando su certeza acerca de que ello sucederá en el plazo de seis meses, tiempo que tiene la jueza González para esclarecer este caso, que se enmarca en los procesos por violaciones a los derechos humanos ocurridos en el régimen militar.
19 de Enero 2006 La Nación Testigo clave ratificó participación de agentes en muerte de Rodrigo Anfruns Rompiendo toda la estela de dudas que dejó el informe de la Policía Investigaciones, que confirmó la versión original sobre la muerte del menor Rodrigo Anfruns, el teniente (R) de Carabineros, Jorge Rodríguez Márquez, ratificó ayer su testimonio sobre la participación de agentes estatales en el crimen. En una oficina privada de la Corte de Apelaciones de Punta Arenas, la ministra en visita Dobra Lusic, tomó declaración judicial al ex policía entre el martes y miércoles. Es la segunda oportunidad que Rodríguez entrega la misma versión, luego de que el caso se reabrió, en junio de 2004, en el 17º Juzgado del Crimen de Santiago. Su testimonio fue fundamental para que se reiniciara la investigación, tras ser sobreseída en 1982 por el ministro Ricardo Gálvez. En su declaración sostiene que la madrugada del 14 de junio de 1979 -después de 11 días desaparecido el menor- vio que tres individuos sacaron desde el maletero de un vehículo el cuerpo de un menor, envuelto en una frazada. Agregó que el cadáver fue depositado en el mismo lugar donde horas más tarde sería encontrado. Rodríguez participó, desde el 3 de junio de 1979, en las patrullas que Carabineros destinó a la búsqueda del menor y reiteró que el lugar donde fue hallado el niño había sido rastreado con detalle por los funcionarios y perros adiestrados. El informe de la Brigada de Asuntos Especiales y Derechos Humanos de la policía civil descartó esta versión debido a que ninguno de los carabineros que participó en dichos operativos dijo haber escuchado esta versión de Rodríguez. El documento policial establece que podría existir una confusión con el vehículo de Investigaciones que esa madrugada llevaba a Patricio Pincheira Villalobos (sindicado como autor del crimen) para que indicara el lugar donde había enterrado a Anfruns. Sobre la declaración del oficial en retiro, el abogado querellante, Roberto Celedón, señaló que “me parece muy correcto, porque creo que él ha dicho la verdad y esto debe tener las consecuencias institucionales sobre todos los demás que han mantenido silencio”. La jueza Lusic interrogará hoy al general (R) Ernesto Baeza, ex director de la policía civil a la fecha del homicidio. Martes 23 de junio de 2009 La Nación Juez resuelve cerrar caso Anfruns sin procesados El ministro Manuel Valderrama decidió poner término a la indagación por la muerte del menor Rodrigo Anfruns, ocurrida en junio de 1979. El abogado que representa a la familia dijo que revisará dictamen y evaluará pedir reapertura de la causa. Estaba agotada la investigación. Ninguna diligencia arrojó resultados positivos sobre la presunta participación de agentes del Estado en el homicidio del menor Rodrigo Anfruns Papi (6), ocurrido en junio de 1979, desechándose así la tesis que barajaba la familia. El ministro en visita Manuel Valderrama resolvió el viernes pasado cerrar el sumario sin procesados y ratificar que el autor del crimen fue un joven que entonces tenía 16 años, individualizado con las iniciales P.P.V., y quien se encuentra declarado sin discernimiento. "Este tribunal, después de haber adicionado a lo realizado por el anterior ministro en visita de esta causa todas las diligencias necesarias para agotar la investigación, ha llegado a la conclusión de que ésta se encuentra finiquitada, no encontrando ningún antecedente que permita alterar la verdad real, material o procesal determinada en su oportunidad", establece la resolución del magistrado. Entre las nuevas diligencias que realizó el magistrado, se encuentra la solicitud de un informe médico legal del Center of Internacional Forenses Assistent (CIFA) en Glasgow, la toma de declaración a los doctores José Luis Vásquez, Alberto Teke y Claudio Molina, así como el hallazgo del expediente original del caso, que estuvo extraviado por casi 10 años. El juez asumió la causa en marzo de 2007, luego que la Tercera Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago resolviera por unanimidad reabrir el proceso que había ordenado cerrar la entonces jueza del caso y, con ello, dar curso a una serie de diligencias solicitadas por el abogado de la familia, Roberto Celedón. Fue entonces que la ministra Dobra Lusic decidió inhabilitarse, argumentando que había emitido pronunciamiento en el caso en octubre de 2006, cuando puso fin al sumario y declaró que ninguno de los cien testimonios reunidos permitió confirmar la versión del teniente (R) de Carabineros Jorge Rodríguez Márquez, respecto de que la Policía de Investigaciones (PDI) de la época sería cómplice del asesinato del menor. La magistrada estuvo a cargo de la indagatoria desde noviembre de 2005, cuando se decidió nombrar una ministro en visita. Tras conocer la resolución judicial, el abogado de la familia Anfruns dijo que revisará el dictamen con detención y que, posteriormente, evaluará si solicita nuevamente reabrir el caso. Lo anterior, porque "nosotros tenemos la convicción de que el niño fue secuestrado y posteriormente asesinado", explicó. Domingo 5 de julio de 2009 La Nación “Yo no maté a Rodrigo Anfruns” Se ha cerrado por tercera vez la investigación por la muerte de Rodrigo Anfruns Papi, ocurrida en 1979 en Providencia, cuyo cadáver apareció tras 11 días de haber desaparecido. Quien fuera acusado como autor del crimen asegura que es inocente y que no existe -ni nunca ha existido- un antecedente que indique lo contrario. Han sido 30 años de vivir en la sombra. Patricio Pincheira Villalobos (P.P.V.) y su familia tuvieron un cambio radical en sus vidas desde el 11 de junio de 1979, cuando funcionarios de la Policía de Investigaciones llegaron a su barrio preguntando si alguien conocía a Rodrigo Anfruns Papi, que estaba sin paradero conocido. Para entonces, la imagen del niño de seis años y melena rubia llevaba más de una semana siendo difundida profusamente en los medios de comunicación. Tanto así, que el fin de semana anterior, en el programa "Sábados gigantes", Don Francisco se había ofrecido como canje para que lo liberaran. El día que llegaron los detectives, Patricio (entonces de 16 años) estaba jugando en la calle con un primo. Cuando los detectives preguntaron si alguien conocía al menor desaparecido, como quien está acertando a una pregunta de ingenio, Patricio levantó su siempre callada voz y dijo: "Yo lo conozco". Esta afirmación marcó un punto de no retorno en su vida. Luego vino su detención, varias horas de encierro y, finalmente -según la justicia-, P.P.V confesó haber dado muerte al niño. Más tarde, una jueza de menores lo declaró sin discernimiento, sin embargo debió pasar cerca de tres años en centros de reclusión de menores. Desde que el caso Anfruns se reabrió en 2004, Patricio Pincheira ha insistido en su inocencia a los distintos jueces que han llevado el caso. Hoy, este hombre de 46 años, que nació un 11 de septiembre, padece una diagnosticada amnesia disociativa que le impide recordar detalles de lo ocurrido aquellos días de junio del ’79. Nunca había accedido a aparecer en la prensa, pero la medida del juez Manuel Antonio Valderrama de volver a considerarlo único autor del crimen, lo ha llevado decir lo que la justicia -asegura- no ha querido oír. -¿Cómo dio la policía con usted, como autor del crimen, en junio 1979? -Yo estaba en la calle, cerca de mi casa, con un primo y otra gente del barrio. Llegaron detectives preguntando sí conocíamos a Rodrigo, nosotros dijimos que sí y nos detuvieron, pero después sólo yo fui llevado a un lugar que, ahora sé, era el cuartel de la Policía de Investigaciones, no pude ver ni hablar con nadie de mi familia. Al día siguiente, llevaron a mi papá para interrogarlo. Luego, a él lo dejaron irse a la casa y yo permanecí ahí. No sé cuántos días estuve, recuerdo haber estado en una oficina con unos hombres que ponían armas sobre la mesa, yo me aferraba al asiento porque tenía miedo, terror. Me encerraron en otra oficina que era más chica y no tenía ventanas, sólo luz artificial. Ahí pasé muchas horas y no podía saber si era de día o de noche, sentía hambre y frío, era invierno. De repente entraba un tipo y ordenaba que me desvistiera, después entraba otro, me retaba por estar sin ropa y me decía que me la pusiera. Después me llevaron a otra oficina que estaba llena de gente, ahí unos me decían que eran mis amigos y que me querían ayudar, otros me gritaban. Me acuerdo que en algún momento entró uno que quería hacer un gallito conmigo, yo me puse a llorar, él me pegó una cachetada. Al final hicimos el gallito y me dijo que tenía una fuerza desproporcionada y que entonces yo era el asesino del niño. Me acuerdo de un tipo que me dijo que iba a estar toda mi vida en la cárcel y que no iba a volver a ver a mis papás nunca más. -¿Usted es culpable del crimen del niño Anfruns? -No, yo no maté a Rodrigo. -¿Por qué se autoinculpó hace 30 años? -Nunca tuve nada que ver con él. Esa supuesta confesión es falsa, yo nunca afirmé que haya matado a Rodrigo, ni nada parecido, recuerdo que dentro del cuartel me dijeron ‘confiesa y te podrás ir a tu casa’, pero ni siquiera ahí confesé. Me han dicho se supone que yo confesé ante el ministro (Ricardo) Gálvez y alguien más, pero no me acuerdo de eso. Además, la firma que está puesta en esa supuesta declaración ni siquiera es mía, yo no tenía firma en esa época. -Pero hay detectives que lo inculpan. -Con solo palabras. No hay ninguna prueba, lo único que me inculpa es esa supuesta confesión. -Detectives, como el subcomisario Raúl Maturana y Luis Cárcamo, aseguran no sólo que confesó, si no que además indicó el lugar donde estaba el cadáver del niño. -Recuerdo que los detectives me sacaron en un auto tapado con un chal, me acuerdo porque no podía respirar bien, iba sofocado. No sabía dónde me llevaban y estando así, tapado con el chal, adentro del auto me hicieron levantar la mano como apuntando a algún lugar, yo lo hice, pero sin ni siquiera poder mirar. Después me subieron al auto y me llevaron de vuelta. Eso fue todo, pero yo nunca supe dónde estaba el cuerpo, fueron ellos los que me llevaron a ese lugar. -El sicólogo Hernán Tuane asegura, en un libro que escribió, que logró su confesión tras pasar varias horas reunido conversando con usted en el cuartel. -No recuerdo que me haya entrevistado un sicólogo. Él dice que yo hice un croquis, un dibujo, y de eso tampoco me acuerdo ni menos haber escrito unas palabras en inglés como ha dicho ese señor, si nunca he sabido ni una palabra en inglés. -Existe la tesis de que Tuane, que trabaja con hipnosis, lo condicionó para que usted diera una versión del crimen. -No sé. Sólo tengo claro que hay muchas cosas que no recuerdo, tal vez pude haber sido hipnotizado para olvidarlas, porque mi memoria tiene problemas. -En 1979 la policía dijo que usted lanzó un zapato del niño Anfruns en el jardín de la casa de los abuelos, para dar una pista. Y que usted habría llamado por teléfono dos veces para decir que buscaran ese objeto. -Eso, por ejemplo, es imposible. Está el libro de clases que demuestra que yo fui todos esos días al colegio, cómo iba a llamar. Además, en mi supuesta confesión digo que hice esas llamadas el día lunes y eso de que tiraron el zapato está registrado que fue un miércoles. Todo eso es falso. -En este caso usted dice que es inocente, y la familia de Rodrigo Anfruns opina lo mismo. ¿Ha conversado con ella sobre su inocencia? -La mamá de Rodrigo una vez me llamó por teléfono, dijo que quería hablar conmigo y bueno, los dos lloramos nada más. Después nos hemos reunido en un par de ocasiones, ella me ha buscado y hemos conversado de otras cosas y una vez hablamos del tema y nos dio mucha pena, ella dice que todo esto es muy triste porque no sólo mataron a Rodrigo sino que también me mataron a mí. Ella está segura de que yo no fui y puede que yo no recuerde cosas, pero estoy seguro de que no soy un asesino y jamás lo voy a ser. -¿Qué recuerda de sus años de reclusión? -Estuve en varios centros, pero me acuerdo más del último, Golda Meir, donde habíamos más de 50 niños. Los mayores me pegaban, tengo varias imágenes de ese tipo. Pero también tuve un amigo que me defendía y también tocaba guitarra. -¿Por qué anda con su rostro prácticamente cubierto? ¿A qué le teme? -Quisiera poder pasar desapercibido, no quiero que la gente me reconozca ni me apunte con el dedo. Me siento estigmatizado. Lo único que quiero es que no molesten más a mi familia, que ya han sufrido mucho con todo esto, no quiero que los vuelvan a molestar. Yo no salgo mucho de la casa, mi nombre es conocido y me parece que el nombre es lo que pesa. -Usted afirma que no es culpable, pero ni usted ni sus padres han hecho mucho por aclarar su situación. -La verdad, no confío en nadie ni tampoco en la justicia. Mi familia siente miedo. Ya me declararon culpable sin serlo y eso no lo van a cambiar, lo único que me interesa hoy es tratar de vivir tranquilo y creo que eso será posible sólo si no se habla más de este tema porque está visto que la justicia no hace nada. No quiero que molesten más a mi familia. El que se haya reabierto el caso, para nosotros, ha sido como volver a vivir toda esa pesadilla y para nada, porque no creemos que se vaya a saber la verdad. Ya me arruinaron la vida y ahora sólo me interesa tratar de vivir tranquilo. La cicatrices de esto y el dolor que genera es algo que va a ser eterno. -Es decir, antes de 2004, cuando se reabrió el caso, ¿usted y su familia vivían tranquilos? -Sí. Tenía un taller de electrónica con mi hermano donde reparábamos equipos de sonido e instrumentos musicales y después tuvimos que cerrarlo porque la prensa no nos dejaba tranquilos, ahora sólo puedo trabajar en mi casa. Han pasado cinco años desde que se reabrió el caso y todavía tengo que salir a la calle comprobando que no haya periodistas que quieran fotografiarme o filmarme. A cada rato llaman a mi casa molestando, pidiendo cosas insistentemente por este caso, y yo lo único que quiero es que nos dejen en paz. -¿Qué le ha parecido la actuación del juez Manuel Valderrama, quien acaba de cerrar la investigación diciendo que usted es el único culpable? -Al conocerlo supe que ya me había prejuzgado. Con su mirada me trataba como un delincuente. En reiteradas ocasiones le dije que yo no era el asesino de Rodrigo. "Él, en sus interrogatorios, me ha vuelto a atemorizar, me ha presionado para que reconozca que soy culpable. Incluso, en el último interrogatorio me dijo que confesara que yo lo hice, que habían encontrado muestras de mi piel en las uñas de Rodrigo. Yo sé que eso no es verdad. He sido interrogado por otras personas que no son jueces, parece que sicólogos o siquiatras. Me han mostrado fotos y recortes de diario de esa época para que recuerde, pero no con la idea de escucharme, si no de que confiese algo que no he hecho". Abogado de PPV: “No hay prueba que lo incrimine” El abogado de Patricio Pincheira, José Pedro Mayol, considera inaceptable que la investigación se haya cerrado concluyendo que su cliente es autor del crimen: “La única prueba que el juez Valderrama ha considerado es la supuesta confesión y las versiones –todas contradictorias- de los detectives que incriminan a Patricio”. Mayol dice que en la investigación han surgido varios testimonios que confirman (como dijera el ex carabinero Jorge Rodríguez) que el cuerpo del menor fue puesto en lugar donde fue hallado. El abogado destaca que “el nombre de Patricio surgió prácticamente al azar, cuando la policía fue a preguntar a la calle quién conocía al niño Anfruns. Es decir, no hubo una investigación o pista previa que hubiese llevado a la policía hasta él”. Recuerda además, que existen informes tanatológicos que muestran que la data de muerte del niño era de sólo un par de días.
Esta pagina fue modificada el 17/07/2010 Si posee cualquier información sobre este caso, nuevas o mejores imágenes, relatos, testimonios, etc., escribanos a hhrr_project@hotmail.com |
Estas paginas han sido preparadas y son mantenidas por: Proyecto Internacional de Derechos Humanos - Londres © 2000 - 2011 |