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Salvador ALLENDE GOSSENS

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Salvador Allende Gossens, murio durante el ataque aereo y de tierra, al Palacio de la Moneda, el 11 de Septiembre de 1973.

Con valentia y dignidad se enfrento al ataque de  las Fuerzas Armadas de Chile, quienes, con el apoyo de la derecha politica,   las multinacionales  y el poder  norteamericano, llevaron a cabo un golpe de estado, seguido de la dictadura mas sangrienta en la historia de Chile, que duraria 17 años.

Estas paginas, estan abiertas a contribuciones, que honren la vida de Salvador Allende.


11 de Marzo 2011
El Mostrador
Familia Allende se hace parte en investigación por muerte del ex presidente
Junto con calificar de muy positiva la decisión de la justicia chilena, la senadora Isabel Allende (PS) junto a la abogada Pamela Pereira y su hermana Carmen Paz Allende informaron que se hacen parte de la investigación que inició la Corte Suprema sobre la muerte del ex presidente Salvador Allende ocurrida durante el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, para lo cual expresaron su disposición de aportar todos los antecedentes que se les solicite.
Aunque la senadora Allende destacó la convicción que le asiste a la familia, avalada en los múltiples testimonios de sus leales colaborados en cuanto a la decisión de Allende de quitarse la vida como gesto de coherencia política, precisó que es fundamental que la justicia haga su trabajo y se llegue a una certeza jurídica respecto a su muerte y los hechos que la rodearon como también los acontecimientos anteriores que derivaron al golpe militar.
Respecto a la posibilidad de exhumar los restos del ex presidente Allende en el marco de la investigación, la parlamentaria dijo que “nosotros como familias hemos decidido colaborar y haremos todo lo necesario para ello. Presentaremos nuestros testimonios, y si es necesario una nueva exhumación se hará la exhumación, tenemos que dar el ejemplo si estamos justamente pidiendo que otros actores y otros organismos presten su colaboración
“Nosotros tenemos una convicción como familia y esa convicción está acompañada por testimonios de funcionarios leales médicos que estuvieron con mi padre hasta el final. Creemos que mi padre, el presidente Allende, en un gesto de consecuencia y de coherencia política y tal como lo había dicho de que ´solo muerto me sacarán de la Moneda´, porque él estaba convencido que los presidentes que son elegidos democrática y popularmente tienen que cumplir su mandato hasta el final y por lo tanto la decisión que el toma cuando ya no hay más posibilidades de resistencia, el opta por el camino de quitarse la vida para dejarse humillar con un acto de coherencia política”, sostuvo.
Añadió que dicha decisión “estuvo rodeada de hechos de extrema violencia en el Palacio de la Moneda y todos conocemos además las declaraciones de Pinochet cuando dice que ´ si acepta el avión después lo dejamos caer´. Por lo tanto, desde el punto de vista del país la decisión que tomó la Corte Suprema de hacerse parte de todos estos casos que no habían llegado como querellas a los tribunales nos parece muy importante”.
Subrayó que a diferencia de lo que ocurrió durante la dictadura “hoy día tenemos un poder judicial que toma conciencia de la importancia de la verdad histórica y creemos que no es lo mismo nuestra convicción, la que puedan tener los médicos, a que sea una certeza jurídica que va a tener que ser investigada y además va a significar que se tiene investigar el contexto en que esto se da, por que esto viene con antelación y la participación de una cantidad de actores que se pusieron de acuerdo para llegar al punto que se llegó en 1973. Esto es muy importante para el país, se va establecer una verdad histórica más allá de la certeza jurídica”.
“Esperamos que todos los organismos y actores colaboren con esta investigación”´, acotó
Consultada si en el contexto en que se produjo la muerte de Allende aun cuando fuera suicidio habrían delitos, la senadora precisó que “vamos a esperar la investigación de los tribunales y una vez que tengamos los resultados de la investigación, vamos a evaluar con nuestros abogados si se deducen querellas por delitos penales, considerando que se creó con anterioridad el ambiente para llegar al golpe, hubo una asociación, un grado de acuerdo con antelación”.

15de Marzo 2011
El Ciudadano
Juicio al Golpe: Investigación arrojaría que Allende no se suicidó
El presente reportaje fue publicado en El Ciudadano la primera quincena de marzo. En lo sustancial, sostiene que no hay ningún argumento de peso que valide la tesis oficial del suicidio. Su difusión causó impacto. Tuvo un alto número de ventas y fue dada a conocer por importantes medios, como Radio Bio Bio. Poco después de aparecida esta publicación, la familia Allende, encabezada por la senadora Isabel anunció –el 11 de marzo- que se haría parte de este caso dejando atrás su negativa de décadas a investigar esta muerte. Fueron más allá: este 13 de abril le solicitaron al ministro Mario Carroza exhumar los restos del mandatario socialista. La senadora Allende se realizó exámenes de sangre, lo que permitirá cotejar su ADN con el que se encuentren en la urna fúnebre. Pronto se podrá saber si los restos enterrados efectivamente corresponden a Salvador Allende. Y también cuál fue la causa de su muerte.
La investigación de la muerte del presidente Salvador Allende Gossens es quizás el juicio más importante que haya tenido Chile en su historia. No sólo pondrá a prueba la “versión oficial” del suicidio que con tanto ahínco defendieron los promotores del Golpe Militar y que luego fue asumida sin precisar pruebas por la Concertación y el Partido Socialista. También supone un cuestionamiento a la génesis del orden de injusticia instalado desde aquel 11 de septiembre de 1973.
Ha llegado la hora de la verdad. Después de 37 años del golpe militar que acabó con la democracia en Chile, el ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago, Mario Carroza, investigará las causas de la muerte del presidente Salvador Allende y someterá a prueba la versión oficial según la cual Allende se suicidó y lo hizo con el arma que le dio Fidel Castro.
El militante del Grupo de Amigos Personales (GAP) del ex Presidente socialista, Renato González –mejor conocido como Eladio- quien combatió junto al mandatario en La Moneda, sostiene que nunca ha creído la tesis del suicidio. Dice que su primera convicción nace del hecho de que “Allende siempre luchó y de haber querido morir hubiera preferido hacerlo en combate”. Y añade: “Una primera versión del Ejército fue que un GAP lo había ajusticiado. Después no permitieron una autopsia independiente ni el acceso a la prensa.
Además, todos saben que el objetivo de (Augusto) Pinochet no era respetarle la vida, como lo confirman las grabaciones captadas por radioaficionados donde aparece planeando el derribo de un avión con tal de matarlo”. Eladio asegura que “todos los que rodeaban a Allende –minutos antes de su muerte- coinciden en que él les habría dado la orden de salir. Pero las versiones sobre qué ocurrió después, no coinciden (…) Yo no descarto que se haya suicidado, pero tampoco que pueda haber intervenido el Ejército en su muerte” .
La muerte de Allende no se explicará sólo dilucidando quién es el autor del disparo letal. Este juicio debiera permitir evaluar la legalidad del bombardeo y ataque a La Moneda que, sin duda, constituyen una evidencia que el objetivo era matar.
El ministro Carroza expresó cuáles son sus impresiones al comenzar este proceso: “La idea es que (la verdad) hay que recorrerla toda porque yo entiendo que esa es la responsabilidad que tenemos”. Asevera que “lo que se determine, deberá tender a aclarar la situación en el hecho mismo, pero también todas las responsabilidades que nacen del hecho mismo”. Y añade: “No nos ponemos en ningún tipo delictivo determinado, entendemos que puede ser un suicidio, un homicidio (…) obviamente que si hay responsabilidades, tendrán que enfrentarse y asumirse como tales”.
Carroza es reconocido por ser un buen investigador. Ingresó en 1977 al Poder Judicial. Antes había ejercido su carrera de profesor de estado en filosofía. Estuvo en tribunales en lo penal, en lo civil; ha sido fiscal, ministro y relator. Ha juzgado los crímenes del Comando Conjunto y el asesinato de Jaime Guzmán Errázuriz.
VERSIONES ENCONTRADAS
La versión oficial tiene dos soportes fundamentales: El relato del doctor Patricio Guijón, quien asegura ser el único testigo presencial de la muerte de Allende. Y el informe de la autopsia practicada el mismo día del golpe. Este sólo fue conocido el año 2000, con motivo de la publicación del libro La conjura: Los mil y un días del golpe, escrito por la periodista Mónica González. La autopsia concluye que “el disparo ha podido ser hecho por la propia persona”.
Guijón ha sostenido desde el primer día que, cuando la situación de asedio del Palacio se hacía insostenible, Allende ordenó a quienes resistían hacer una fila en la escalera que da a Morandé. Él se habría puesto al final y, sin que nadie lo advirtiera, regresó al salón Independencia. El médico dice que también volvió: A buscar una máscara antigases como recuerdo para su hijo.
En declaración a la Policía de Investigaciones, que aparece en el acta de peritaje, Guijón dice: “Al trasponer la puerta oeste (del salón Independencia) miró hacia atrás y vio que el señor Allende en ese momento se reclinaba hacia el respaldo del sofá. Acto seguido, se acercó para tomarle el pulso y en esos momentos constató una lesión por estallido de cráneo, observando a la vez, que entre ambas piernas se encontraba un arma automática apoyada con la culata en el piso”. Este acta de peritaje también fue dado a conocer por primera vez en el citado libro de Mónica González.
En versiones posteriores como la entregada a medios extranjeros nueve días después del golpe –que fue leída por el general Ernesto Baeza-, Guijón afirma que vio al presidente Allende en el preciso momento que se disparaba con un arma que tenía entre medio de las piernas. “Pude ver cómo el cuerpo se sacudía y volaba con el cráneo hecho añicos”. Según señala Hermes Benítez, en ‘Las muertes de Salvador Allende’ (RIL, 2006), en esta versión de Guijón -que se transformó en la versión de la Junta Militar- se omite la parte en que Guijón habría tomado el pulso a Allende y movido el arma, porque le hubieran restado credibilidad al relato, cuando los militares se empeñaban en demostrar la tesis del suicidio.
En revista Cauce (N°24, 1984) dice que presenció el suicidio asegurando que escuchó un disparo. A Ignacio González Camus, autor de ‘El día en que murió Allende’ (Cesoc, 1988), le señaló que escuchó varias detonaciones.
 Según Eladio, después de las 13:00 horas, cuando el incendio se expandía por toda La Moneda, el Ejército ingresó: “Lo hicieron por la entrada de Morandé 80 y por la que da a la Plaza de la Constitución. Hubo combate (al interior de La Moneda). Los militares coparon la segunda planta y fuimos hechos prisioneros. Me sacaron a golpes y culatazos por Morandé 80. Yo estaba combatiendo en el gabinete del presidente (que daba a la Plaza de la Constitución) mientras él estaba 50 metros más al sur, en el salón Independencia (…) Lo acompañaban algunos de sus colaboradores y médicos mientras en los pasillos seguían los disparos que propinaba otro dispositivo GAP que se mantuvo en combate frente a la entrada de Morandé”.
El doctor Óscar Soto –en su libro ‘El último día de Salvador Allende’- sostiene que la última vez que vio al Presidente con vida fue como a las 14 horas en la parte superior de la escalera que da a Morandé. En torno a él había seis colaboradores: la Payita –secretaria y amor de Allende-; Arsenio Poupin, subsecretario de Interior; el doctor Jirón; los asesores, Eduardo “Coco” Paredes y Jaime Barrios; y el doctor Enrique París. Según Soto, ellos acababan de comprender que el combate estaba perdido por lo que habían decidido salir y entregarse.
Entonces Allende habría dicho: “Dejen las armas y bajen. Yo lo haré al último”. Coincidiendo con otras versiones, Soto sostiene que Allende se devolvió al salón Independencia. Dice que se sentó en el sillón que daba a Morandé y que se dio dos disparos tras lo cual el intendente Huerta habría gritado: “Allende ha muerto”. Según Soto, Guijón ingresó después de eso por lo que no habría visto el instante de su muerte. Esta narración entraña severas contradicciones porque si ni Soto ni Guijón estaban en el momento mismo que Allende murió: ¿Cómo pueden haber descrito cómo fue su muerte?
Soto señala que tras la muerte de Allende, ingresaron el general Javier Palacios y Armando Fernández Larios, quienes se quedaron hablando con Guijón, quien les habría dado la versión del suicidio. Posteriormente este último conversó con los policías de investigaciones, entregándoles detalles de su versión que quedaron plasmados en el croquis N°15.254, dibujado por el planimetrista Alejandro Ossandón, y que está contenido en el acta de peritajes.
Fernández Larios sería más tarde condenado por el asesinato de Orlando Letelier y su asistente Ronnie Moffitt. Actualmente vive en Estados Unidos bajo protección oficial.
El doctor José Quiroga, otro de los ocho médicos que estuvo con Allende ese día, en entrevista dada a La Nación (en septiembre de 2003) sostiene que él y otras cinco personas vieron cómo se habría suicidado Allende.
Camilo Taufic expuso el pasado 10 de febrero –en Radio Cooperativa- que Allende fue rematado por el intendente de palacio Enrique Huerta –en un acto humanitario- tras un suicidio fallido. Esta tesis resulta inverosímil ya que siendo médico, el Presidente debe haber sabido cómo provocarse un disparo suicida. Y Huerta no puede responder a esta afirmación porque, al igual que otras 20 personas que estuvieron hasta el final con Allende, fue asesinado en un recinto del Ejército en Colina. Taufic también señala que Allende no andaba con el fusil que le regaló Fidel Castro en su visita a Chile. Eladio, quien estuvo ahí, dice que indudablemente Allende combatió esa mañana, con ese fusil Kalashnikov plegable.
González Camus señala en su libro que el ex rector de la Universidad de Concepción y ministro de Educación de la Unidad Popular, el médico Edgardo Enríquez, quien compartió con Guijón el relegamiento en Isla Dawson, nunca se convenció de la versión que éste emitió respecto de la muerte de Allende. “Que me perdone Guijón, pero me contó tres versiones distintas de la muerte de Allende. Por eso no (le) creo”.
Hugo Pavez, abogado del Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior manifestó que la versión del doctor Guijón le merece “muchas dudas”. No cree que aquél haya podido ver el supuesto suicidio de Allende debido a que en el interior de La Moneda “había oscuridad y gases lacrimógenos que, junto con el humo del gran incendio, hacían que la visión fuese escasa y el ambiente irrespirable”. Pavez redactó una querella por el homicidio de Allende que finalmente no será patrocinada por el Ministerio de Interior.
Pavez considera “que no cabe duda que Allende fue asesinado: La investigación podrá determinar si murió por mano propia o por mano ajena. Si murió por mano ajena, está claro que murió asesinado. Y si murió por mano propia, este suicidio habría sido inducido, compelido, obligado por las circunstancias”.
INCONSISTENCIAS
La versión de Guijón estuvo cerca de convertirse en definitiva. Sin embargo, el informe médico forense del doctor Luis Ravanal –dado a conocer el 8 de septiembre de 2008- en el que analiza las conclusiones de la autopsia Nº 2.449/73 hecha a Salvador Allende por los médicos José Luis Vásquez y Tomás Tobar, modificó esta historia.
informe Ravanal” sostiene que las descripciones de las heridas contenidas en la autopsia no corresponden a un suicidio. Según este forense, el orificio de salida de bala descrito en la parte posterior de su cráneo provino “de un arma de bajo calibre, que entró por la cara en la zona próxima al globo ocular derecho y salió por la zona parietal posterior. Y a los pocos momentos de muerto, para simular un suicidio, se le dio un disparo bajo el mentón”. Este segundo disparo habría sido con un arma de mayor potencia como un fusil que le provocó el estallido del cráneo.
Si fuese el caso que Allende fue asesinado y los militares querían simular un suicidio: ¿Por qué dejarían que quedaran ocultas las pruebas del homicidio en el informe de autopsia?
L.R. - Es posible que el doctor Tobar (único tanatólogo del SML del equipo que hizo la autopsia) haya hecho una descripción correcta (y conclusiones incorrectas) como un indicio para que alguien después pudiese controvertir. Acuérdese que estaba rodeado de militares y su margen de acción debe haber sido mínimo. Y es posible que esto se le haya podido pasar a Vásquez (médico de confianza de los golpistas).
Ravanal también afirma que si Allende se hubiera disparado con el AK-47 (Kalashnikov) debajo de la mandíbula y cuando permanecía sentado, tendría que haber escurrido mucha sangre por el cuello hacia abajo. Sin embargo, en la foto del cuerpo de Allende que los militares difundieron “en todo el chaleco y el cuello no hay ninguna gota de sangre ¿Cómo se explica eso?”
Ravanal, quien es miembro fundador de la Sociedad Chilena de Medicina Legal y perito judicial inscrito con el registro Nº 1.500 ante la Corte de Apelaciones de Santiago, señala que el segundo disparo se le debe haber aplicado estando su cuerpo en forma horizontal. Esto explicaría por qué no provocó escurrimiento de sangre hacia la zona del cuello y el tórax.
Aludiendo a que Guijón confesó que él había movido el arma que Allende habría tenido entre las piernas, sostiene: “Eso es muy raro… porque si alguien encuentra un cadáver con la mitad del cráneo ausente y no hay ningún testigo, solamente una persona y más encima esa persona reconoce que manipuló el arma y la cambió de posición, la pregunta bien lógica es: ¿Quién sería el primer sospechoso?”
Pero doctor ¿No estará insinuando que el doctor Guijón mató a Allende?
No, lo que quiero decir es que no hay certezas, que no podemos dar por sentado todo lo que allí sucedió con base en un testimonio (que) desde el punto de vista penal tampoco tiene mayor fuerza. (Lo importante) es cómo se comprueba eso. Todo gravita en la prueba objetiva, en el análisis del sitio del suceso, en el informe forense de autopsia y en el informe pericial balístico del arma. Y el arma desapareció como también los proyectiles.
El mismo reporte de la Policía de Investigaciones habla que había múltiples proyectiles de bala de bajo calibre en el área. Entonces: ¿Dónde están? ¿Quién disparó esas armas? ¿Por qué no podría haber sido uno de esos proyectiles de bala de pistola los que le causaron la muerte? Toda esta evidencia la hicieron desaparecer. ¿Por qué lo hicieron?”-, se pregunta Ravanal.
Según su punto de vista, para aclarar la muerte de Allende, “es fundamental hacer una reconstitución de escena para determinar el ángulo de vista de donde el doctor Guijón vio y pudo ver a Allende suicidarse. Luego, para hacer la proyección de dónde fueron a parar los proyectiles o el proyectil en el caso de que hubiese sido suicidio y para hacer una proyección lineal y decir en esta pared y altura debiera haber quedado el proyectil. Incluso hasta podría estar ahí”.
El galeno estima que para esclarecer las causas de la muerte de Allende también es necesario analizar sus restos, realizando pruebas de ADN. Para esto sería necesaria una nueva exhumación.
Luis Ravanal asegura que se requiere una revisión detallada de todo el esqueleto, “en especial del cráneo, el que habría que reconstruir con la finalidad de analizar las características de los orificios de proyectil”. Dice que también habría que hacer estudios iónicos para buscar residuos metálicos y de pólvora, tanto en el cráneo como en el o los orificios de bala (en su informe afirma que serían dos los balazos). Especial importancia le asigna al orificio de salida redondeado que aparece descrito en la autopsia como el único disparo presente, el que sería de naturaleza suicida. Explica Ravanal: “Si la pieza donde estaría el orificio estuviese presente, se echaría por tierra la tesis que asegura que sólo se efectuó un disparo (de AK-47). Tendríamos la confirmación de que también hubo un disparo por un arma de menor calibre, es decir, con una pistola o con un revólver”.
Consultado el ministro Carroza respecto de si va a solicitar una exhumación nos expresó: “En el Servicio Médico Legal hay una comisión que va a emitir las conclusiones (respecto del informe de autopsia) y después va a interrogar a todas las personas que tuvieron que ver con la autopsia o con las autopsias que se pudieron haber hecho. (Cuando estos informes se evacuen) se tendrá que emitir un juicio respecto de si es necesario o no la exhumación y qué pasos se van a seguir en la eventualidad que esta existiera”.
El doctor Ravanal reitera otro elemento que pone en duda la versión del suicidio: La autopsia se hizo en el Departamento de Otorrinolaringología del Hospital Militar y no en el Servicio Médico Legal. “El hecho que se haya utilizado un recinto que depende administrativamente del Ejército, evidentemente no podía garantizar a los peritos intervinientes la debida independencia”. Tampoco se permitió el ingreso de médicos independientes como el diputado Mariano Ruiz-Esquide, quien solicitó participar del procedimiento.
Por otra parte, hasta la fecha, no se conoce el expediente del proceso por la muerte de Allende que estuvo a cargo del titular de la Primera Fiscalía Militar, Joaquín Earlbaum, y que se cerró el 20 de septiembre de 1973 sin castigados ni inculpados. Allí debieran estar las cerca de 70 fotos que los peritos de la Policía de Investigaciones tomaron al cadáver del ex Presidente y al sitio del suceso.
EL CAPITAN RIVEROS
Eugene Propper, que en su calidad de fiscal investigó el asesinato del ex canciller Orlando Letelier en Washington, reveló en su libro ‘Laberinto’ el nombre del oficial del Ejército que habría matado a Allende: René Riveros. La información se la entregó quien fue jefe del FBI en Argentina, Robert Scherrer. “El capitán René Riveros era un héroe especial para algunos de sus colegas de las Fuerzas Armadas (de Chile) porque él fue quien mató al presidente Allende en el asalto a La Moneda”, escribió Propper en su libro.
En comunicación vía e-mail realizada con motivo de este especial, John Dinges, autor del libro ‘Asesinato en Washington’ nos confesó que Scherrer le ratificó -en 1979- lo mismo que le había expresado al fiscal Propper. Dinges, quien consideraba a Scherrer “una fuente de oro”, señala que Riveros “era un oficial del Ejército que después perteneció a la Dirección Nacional de Inteligencia (Dina). Viajó a Estados Unidos con pasaporte falso a nombre de Juan Williams, como parte de la operación de asesinato de Letelier”.
ALLENDISTAS SE QUERELLAN
El lunes 7 de febrero de 2011, militantes del Partido del Socialismo Allendista (en formación) presentaron una querella criminal por la muerte del mandatario. Esteban Silva, uno de los impulsores de esta iniciativa, dijo que aun si se aceptase la versión de que Allende disparó contra sí mismo, de todas maneras se trataría de un homicidio, puesto que la circunstancia del golpe sería –según su parecer– la que lo llevó a la muerte. “La acción militar por tierra y aire que se desató el 11 de septiembre de 1973 sobre el Palacio de La Moneda tenía como objetivo asesinar a Allende y a sus colaboradores”, subrayó.
El ministro Carroza acogió a trámite –el 18 de febrero- la querella presentada por los allendistas, determinando que se acumule a la causa. La decisión fue notificada al abogado patrocinante Roberto Ávila, quien expresó: “Una república con la tradición jurídica de la nuestra no puede permitirse que el incendio del palacio de Gobierno y la muerte de un Presidente queden impunes”.
LA CONSTRUCCION DEL SUICIDIO
Para entender por qué se impuso la tesis del suicidio hay que viajar al funeral oficial que tuvo lugar el 4 de septiembre de 1990. Previo a este, se llevó a cabo la exhumación del cadáver que estaba en el Cementerio Santa Inés de Viña del Mar. Esta ocurrió la medianoche del 17 de agosto. Fue realizada a hurtadillas, en el más completo sigilo.
Sólo estuvieron, además de los panteoneros, el entonces ministro secretario general de Gobierno, Enrique Correa (PS); Javier Luis Egaña y Ximena Casarejos, encargados del funeral oficial; el administrador del cementerio Carlos Salvo; el fotógrafo Jesús Inostroza; el camarógrafo Pablo Salas; y el doctor Jirón, quien representaba a la familia Allende.
No fue fácil ubicar la tumba de Allende entre los muertos de la familia Grove, puesto que no tenía nombre. El féretro, que estaba oxidado y desvencijado, fue abierto ante la expectación de los
mencionados testigos. Sin más ayuda que unas linternas y sus recuerdos, Jirón realizó una revisión ocular al que sería el cadáver de Allende. El camarógrafo Salas le preguntó si era Allende el cadáver que allí se encontraba. “Sí, es Allende”, respondió lacónico Jirón. Fundamentó su veredicto sosteniendo que reconoció el chaleco y los zapatos del Presidente.
Aunque parezca absurdo, esta ojeada fue el único examen que hubo y que sirvió para validar la identidad de los restos tanto como la existencia del suicidio. Como no se informó en detalle en qué consistió este procedimiento de exhumación, la mayor parte de la población pensó que a Allende se le había hecho una segunda autopsia.
Las imágenes de esta exhumación fueron exhibidas por primera vez en 2009 (19 años después de filmadas). Vienen contenidas en el documental Caso Cerrado, producido por la Televisión Española (TVE), el cual apoya la tesis del suicidio.
Luego de la señalada revisión, los panteoneros redujeron el cadáver traspasándolo a una urna de menor tamaño, la que volvieron a guardar entre los muertos de la familia Grove. Permaneció allí hasta que el 4 de septiembre siguiente fue trasladado a gran velocidad –en el contexto del funeral oficial- a su última morada en el Cementerio General.
18 años después de estos sucesos, la familia de Allende aún sostenía que las dudas existentes sobre las causas de la muerte habían sido aclaradas fruto de los exámenes realizados con ocasión del funeral oficial. En septiembre de 2008, al conocerse el metanálisis forense del doctor Luis Ravanal que descartaba el suicidio, el nieto del ex presidente, Gonzalo Meza Allende –quien se suicidó en 2010-, declaró a Radio Cooperativa que durante la exhumación de su abuelo se hizo una autopsia que confirmaba que Allende se había suicidado y que ésta no se dio a conocer porque era “un secreto de familia”. La verdad, aunque dura porque contraviene la versión de la familia, es que nunca hubo tal examen.
Las fotos de la exhumación de agosto de 1990 se exhibirían con increíble retraso: En el reportaje ‘Los secretos nunca contados de la tumba de Allende en Santa Inés’, de la periodista Ximena Galleguillos (septiembre de 2003, Siete más Siete), el cual contiene, además, una revelación casi inverosímil: Los panteoneros que realizaron esta exhumación afirman que el 12 de septiembre de 1973, poco después del funeral de Allende, un grupo de partidarios del Presidente intentó secuestrar su cadáver con el féretro. Fracasaron, dice la nota, al percatarse de ello militares que vigilaban el Cementerio.
Galleguillos consigna en este punto el relato del sepulturero Sergio Morales: “Los militares lograron recuperar el ataúd quebrada abajo. Cuando lo trajeron de vuelta estaba desclavado y el vidrio que protegía su cara estaba roto”, por lo que los panteoneros habrían podido ver ellos mismos que era Allende a quien enterraban.
Este testimonio se concadena con otro hecho. Según se consigna en el citado reportaje de Siete más Siete, un abogado del Ministerio del Interior (que no se identifica), pidió a Morales y a otros cuatro panteoneros firmar una declaración en la que estos certificaran que los restos exhumados eran los de Allende. Los sepultureros accedieron.
Según narra un panteonero no identificado en el reportaje ‘El suicidio de Allende’, del periodista Francisco Martorell, publicado en Análisis (N°348, septiembre de 1990), en circunstancias que el Presidente era depositado en su tumba, la tapa del ataúd se abrió ante los ojos de los panteoneros sin que nadie más se diera cuenta. “Por espacio de 20 segundos, los sepultureros pudieron ver el rostro de Salvador Allende. ‘Tenía la barbilla ennegrecida, uno de los ojos desviados y parte del bigote volado’”. Este hecho casual –de ser cierto- fue el que les permitió a los sepultureros saber que estaban enterrando a Allende. Cabe consignar que ni siquiera la viuda, Hortensia Bussi, a pesar de sus súplicas, tuvo el derecho de ver a su marido en la urna cuando le enterraron.
El texto de Martorell fue decisivo para que la versión del suicidio se impusiera por largos años. Obsérvese cómo cierra el periodista su nota: “Hasta el 17 de agosto de este año (…) existían serias dudas de que Allende se hubiera suicidado (…) Sin embargo, el resultado de la exhumación y reducción de los restos del presidente Allende (…) demostró que el cadáver (…) tenía un orificio en el cráneo que puede corresponder a un disparo de tipo suicida. Los que vieron los restos de Allende y sumaron a ello los antecedentes que tenían, están en condiciones de afirmar que Allende se quitó la vida”.
La influencia de este escrito radicó –fundamentalmente- en el hecho que Análisis jugó un rol central en la lucha por el restablecimiento de la democracia. Sus conclusiones fueron reproducidas por las agencias de prensa internacionales, y por un amplio arco de la sociedad chilena,que asumió esta versión como una verdad incuestionable.
La investigación, hoy abierta, puede decir otra cosa.

Martes 24 de Mayo 2011 CIPRE
Los fantasmas que rondan la muerte de Salvador Allende
A comienzos de este año, cuando el ministro Mario Carroza se hizo
cargo de la investigación por la muerte de Salvador Allende, una de
sus primeras diligencias fue pedir el expediente con que la justicia
castrense determinó en 1974 que el ex Presidente se había
suicidado. La Fiscalía Militar negó tener el original. Carroza siguió
entonces la pista de un antiguo aviso publicado en internet que
ofrecía el expediente por dos millones de pesos. El oferente resultó
ser el propietario de una empresa de demoliciones que aseguró
haberlo encontrado mientras echaba abajo la casa de un ex relator
de la justicia militar.
Una semana después de que esa copia le fuera embargada al
empresario de demoliciones, el fiscal militar que investigó el hecho,
Joaquín Earlbaum, apareció en el despacho del ministro Carroza
con otra copia. El expediente original, sin embargo, aún está
extraviado.
Además del informe de autopsia y de la pericia balística que ya se
conocían, el expediente incluye elementos que pueden dar luces
sobre la verdad histórica más controversial del siglo XX. Entre
ellos, un tercer informe de 1973 titulado “Relación de especies
encontradas por personal militar en lugar del suicidio”. El
documento que firma el coronel Julio Polloni Pérez, director
interino de Inteligencia del Ejército, da cuenta de piezas históricas.
En ese inventario se enumarn bienes como la espada de O’Higgins,
el fusil AK-47 regalado por Fidel Castro con el que Allende se
habría matado, sus anteojos Mustang, su reloj Jaegger LeCoultre y
las dos vainillas de las balas que perforaron su cabeza ( ver lista
completa ). La mayoría de esos objetos se encuentran extraviados y
el juez Carroza ofició al Ejército, que debía custodiarlos,
preguntando por ellos.
El expediente contiene también las primeras declaraciones
recogidas entre 1973 y 1974. Una de ellas es la del ex ministro de
Defensa José Tohá, a quien se tomó testimonio mientras
permanecía detenido en el Hospital Militar, lugar donde moriría
poco después. Contiene también la primera declaración judicial del
doctor Patricio Guijón, que reafirmará la tesis del suicidio que
permanece hasta hoy.
Testigo accidental
Patricio Guijón era el menos político de los médicos personales de
Salvador Allende. También el más distraído e ingenuo. Integró el
equipo de médicos de la Presidencia por recomendación de su
colega y amigo Arturo Jirón, ex ministro de Salud de la Unidad
Popular. Fue el único de ese equipo que no salió al exilio tras el
golpe de Estado. Siguió viviendo en su casa en Vitacura como
cualquier hijo de vecino. En adelante, quien quisiera dar con su
paradero no debía más que consultar la guía telefónica.
Esa jornada de martes 11 de septiembre de 1973, cuando se reunió
junto al resto de sus colegas en La Moneda, hizo y dijo cosas dignas
de ser destacadas. Lo primero fue permanecer en funciones, aun
cuando el Presidente dejó en libertad de acción a sus colaboradores
ante la proximidad del ataque aéreo. Lo segundo fue comentar, en
medio del bombardeo de los Hawker Hunters, que muy de seguro
“esas bombas deben ser chilenas, porque aún estamos vivos”. Así al
menos lo recordó treinta años después en una entrevista con El
Mercurio. Lo tercero ya es histórico.
Tras el bombardeo aéreo y con La Moneda en llamas, una vez que
Allende ordenó a sus colaboradores que se entregaran a las fuerzas
golpistas, el doctor Guijón recordará que cuando comenzaba a salir
hizo algo “realmente absurdo”: volvió sobre sus pasos en
búsqueda de una máscara de gas como recuerdo a su hijo mayor.
Según su relato, estaba en eso cuando abrió las puertas del salón
Independencia, donde se había encerrado Allende, y lo vio en los
instantes precisos: sentado en un sillón, de espaldas a la pared, el
Presidente sostenía un fusil cuyo caño presionaba su barbilla, un
disparo seco, parte del cráneo y los sesos volaron por los aires.
Con menos detalles, su testimonio transmitido por la televisión
pública en septiembre de 1973 acalló dudas y a la vez despertó
sospechas de quienes no creyeron en la versión del suicidio,
incluida la propia familia del ex Presidente. El hecho es que desde
entonces el cirujano Patricio Guijón quedó convertido en el
testigo de la muerte de Salvador Allende. Testigo accidental, que
parece haber estado en un lugar y un tiempo equivocados.
Empeñado en establecer una verdad judicial de los hechos, que a
la larga será histórica, el ministro Carroza ha tomado declaración
a una veintena de protagonistas que sobrevivieron al golpe y viven
para contarlo. Protagonistas que sin poner en cuestión el fondo
del relato del doctor Guijón, lo han situado en un lugar
secundario, denotado imprecisiones, si es que no hechos
contradictorios.
Guijón no fue ni por lejos el único que vio a Allende muerto
inmediatamente después de que uno o dos disparos secos se
escucharon tras la puerta del salón Independencia. Tampoco el
único que dice haber presenciado el momento exacto en que
aparentemente se disparó. De cualquier modo la verdad judicial
no está confiada únicamente a testimonios de sobrevivientes del
asalto a La Moneda. La reciente exhumación de los restos de
Salvador Allende persigue, además de corroborar la identidad de
esos restos, probar la trayectoria que habría seguido el o los
impactos de bala que provocaron su muerte. Esto último ante un
reciente informe del Servicio Médico Legal (SML) que detectó
discordancias entre los impactos encontrados en el lugar de los
hechos y la trayectoria del disparo descrito en la autopsia
realizada en septiembre de 1973 por encargo del fiscal Earlbaum.
Disparos secos
Aunque en La Moneda había casi cincuenta personas, unas pocas
asistieron el momento en que el Presidente Allende se despidió de
sus colaboradores más cercanos y se encerró en el salón
Independencia. Menos aún son las que sobreviven para contarlo.
Una de ellas es el ex detective de la Policía de Investigaciones
Gustavo Basaure Barrera.
Miembro de la escolta permanente que Investigaciones dispuso
para la custodia del mandatario, Basaure fue uno de los 17
policías que ese 11 de septiembre permanecieron leales junto a
Allende en La Moneda. Resistieron el asalto en condiciones muy
desventajosas, en un gesto más testimonial que efectivo, y cerca
de las dos de la tarde su superior directo les informó que el
Presidente había dispuesto que salieran en fila india por la puerta
de Morandé 80. No había muchas posibilidades. La Moneda ardía
en llamas, el ambiente era irrespirable y la mayor parte del grupo
se había reunido en ese sector. Entonces Basaure, que permanecía
sentado en un corredor del segundo piso del palacio junto a su
compañero Pedro Valverde, presenció cuando Allende terminaba
de despedirse y cerraba por dentro la puerta del salón
Independencia diciendo que tomaría un par de minutos para
meditar.
El policía estaba a unos pocos metros de esa puerta, tres o cuatro, y
desde ese lugar escuchó “dos disparos secos, sin estampida”,
provenientes del salón. Mientras se incorporaba junto a su
compañero, tres o cuatro hombres llegaban corriendo desde el ala
sur del pasillo y abrían la puerta del salón. Uno de ellos salió
gritando que el Presidente se había matado.
-Yo no entré al salón, pero como la puerta quedó entreabierta me
asomé a mirar: aunque estaba casi a oscuras, sin luz, vi que el
Presidente estaba tendido en un sillón y tenía una herida en el
cuello, aunque no parecía tener sangre. Encima tenía un fusil –dice
Gustavo Basaure desde su casa en La Florida.
Pedro Valverde Quiñones, el compañero de Basaure, presenció la
escena con mayor detención pero no vive para relatarla. Una
posición tanto o más privilegiada tuvo el también fallecido policía
David Garrido Gajardo. En 1987, en una crónica de la revista
Análisis sobre la muerte de Allende firmada por Mónica González,
María Olivia Monckeberg y Patricia Verdugo, el ya ex policía
Garrido recordó la escena en los siguientes términos:
“Estábamos al fondo del pasillo, casi frente al living privado del
Presidente, cuando lo vi acercarse con Enrique Huerta, el doctor
Patricio Guijón y otras personas, las que quedaron en la puerta
cuando él entró. Entonces escuché la voz del Presidente que dijo
fuerte: ‘Allende no se rinde’, y de inmediato, dos o tres balazos. El
médico dijo: ‘El doctor se mató’, entró en el despacho y, desde mi
posición, vi al Presidente sentado, con la cabeza hacia atrás y el
casco botado. Había sangre en el muro”.
En esos minutos Basaure no recuerda haber visto al doctor Guijón
rondando en el pasillo del segundo piso, paralelo a calle Morandé.
Es más: como muchos ex policías presentes ese día en La Moneda,
pone en duda que el médico haya regresado motivado por el rescate
de una máscara antigás.
–No resiste ninguna lógica –dice el policía, recordando el temor que
cundía a esas horas ante el acecho de los militares y la
incertidumbre de no saber lo que les esperaría afuera. – En esas
circunstancias, ¿a quién se le iba a ocurrir volver a buscar un
souvenir?
El primero de la fila
Cuando se escucharon los disparos en el salón Independencia, los
primeros leales que resistieron junto a Allende habían alcanzado la
calle. Contrario a las órdenes del Presidente, la fila no era
encabezada por su secretaria Miria Contreras, la Payita, sino por el
policía Eduardo Ellis Belmar. De bigotes espesos y contextura
gruesa, apenas abrió la puerta y puso un pie en la calle un soldado lo
abrazó por la espalda y lo usó de escudo para protegerse de disparos
provenientes del Ministerio de Obras Públicas. Inmediatamente
después salió la Payita.
Ya cuando estaba tendido en la acera de Morandé junto a otros
detenidos, escuchó la noticia de uno de sus compañeros que se
encontraba en su misma posición: el Presidente se había quitado la
vida.
Desde La Reina, donde vive, el ex detective Ellis sostiene que
ningún militar alcanzó a ingresar a La Moneda desde la puerta de
Morandé antes de que Allende se quitara la vida.
-Cuando yo recibí la noticia, los militares aún no habían entrado a
La Moneda. Esperaron a que bajaran todos por la escalera que
conectaba el pasillo del segundo piso con la puerta de Morandé
–dice.
La misma certeza tiene el jefe de la guardia presidencial de
Investigaciones, Juan Seoane Miranda, quien dejó La Moneda
una vez que se enteró de la muerte de Allende. Recuerda que el
dramatismo fue agudizado por el intento del subsecretario general
de Gobierno, Arsenio Poupin, de quitarse la vida con una pistola.
Alguien logró arrebatársela. Enrique Huerta, el intendente de
Palacio, gritó un viva a favor del fallecido Presidente. Recién
nada más se había despedido de él. Poupin y Huerta fueron de los
últimos en verlo con vida y los primeros testigos de su muerte. Los
dos se entregarían y más tarde serían torturados y hechos
desaparecer.
Seoane no pone en duda que Allende se quitó la vida:
-Doy fe de que los soldados no habían entrado todavía. Estábamos
únicamente nosotros.
Las versiones de los ex policías son coincidentes. La mayoría de
ellos son amigos y suelen reunirse habitualmente. La última vez
lo hicieron antes de ser citados a declarar ante el juez Carroza. La
única versión discordante es la de Carlos San Martín. Según uno
de sus antiguos compañeros, en su reciente declaración judicial
dio indicios de la presencia de militares al momento de ocurrida
la muerte de Allende. Pese a haber permanecido voluntariamente
en La Moneda, San Martín no siente afinidad por la izquierda.
Más bien lo opuesto.
Instante fatal
En septiembre de 1984, cuando su versión aún era resistida por la
izquierda chilena, Patricio Guijón dio una entrevista a revista
Cauce en la que evocó la escena que lo anclará permanentemente
al pasado.
Dirá que entró al salón y le tomó al pulso al Presidente,
constatando su muerte. Otro absurdo: el cráneo del Presidente
estaba abierto y destrozado. La masa encefálica a la vista. Luego,
en un acto instintivo, tomó el fusil AK-47 que estaba sobre el
cuerpo del Presidente y lo dejó a un lado.
En esos diez a quince minutos que permaneció en el salón hasta la
llegada de los militares, Guijón no recuerda haber visto ni
escuchado a nadie más. Sin embargo, son varios los testigos que
dicen haber visto el cadáver de Allende.
Uno de sus colegas, José Quiroga Fuentealba, testificó hace unas
semanas ante el juez Carroza haber presenciado desde el dintel de
la puerta del salón Independencia el instante preciso en el que
Allende se quitó la vida: “Se escuchan disparos, Huerta abre la
puerta y veo la figura del Presidente sentado que empieza a
desfallecer”.
Estas contradicciones, unidas a la interpretación de otros hechos y
testimonios, no sólo han llevado a cuestionar la tesis del suicidio.
Este año, el periodista chileno Camilo Taufic planteó que Allende
intentó suicidarse con una pistola pero quedó malherido. La tarea
habría sido completada por Enrique Huerta.
La sombra de Allende
Pasada las cinco de la tarde, cuando el cadáver del Presidente
Allende fue sacado de La Moneda envuelto en un chamanto
boliviano, un suboficial de Ejército entró en acción. Por
instrucciones del general Javier Palacios, que dirigió la toma de
La Moneda, el subteniente Manuel Vásquez Nanjarí tenía la
orden de permanecer en todo momento al lado del cuerpo del
Presidente. Ser su sombra, pasara lo que pasara. Por eso subió a la
ambulancia que transportó el cuerpo hasta el Hospital Militar, y
una vez allá, en el quirófano del Departamento de
Otorrinolaringología, le hizo guardia hasta pasada la medianoche.
Horas antes, el almirante Patricio Carvajal había sido instruido por
Augusto Pinochet para que un equipo de médicos legistas
“certifiquen la causa de muerte del señor Allende con el objeto de
evitar que más adelante se nos pueda imputar a las Fuerzas
Armadas el haber sido las que provocaron su fallecimiento”.
Vásquez Nanjarí fue testigo del momento en que el cadáver de
Allende, ya depositado en el quirófano del Hospital Militar, fue
desnudado por completo para un peritaje fotográfico que luego
quedó adjunto a la causa que siguió el fiscal militar Joaquín
Earlbaum. Y a contar de las ocho de la noche, y por las siguientes
cuatro a cinco horas, presenció el procedimiento de autopsia que los
peritos médico legistas José Luis Vásquez y Tomás Tobar, apoyados
por el perito auxiliar Mario Cornejo, realizaron al cadáver del
Presidente. Testigos fueron también los cuatro jefes de sanidad de
las Fuerzas Armadas y de Carabineros.
En el informe de autopsia N° 2449/73, que firmaron los peritos
Vásquez y Tobar, se concluye que “la causa de la muerte es la herida
a bala cérvico-bucocráneo-encefálica reciente, con salida de
proyectil” y que “el disparo corresponde a los llamados ‘de corta
distancia’ en medicina legal. El disparo ha podido ser hecho por la
propia persona”.
Aunque la autopsia entrega detalles del examen interno al cadáver,
en su reciente declaración a la policía el ex suboficial Vásquez
Nanjarí desconoció que el cadáver haya sido sometido a cirugía. De
cualquier modo, lo relevante de su testimonio es que resulta inédito
y permitirá recrear con mayor precisión lo que ocurrió con el
cadáver de Allende desde que fue encontrado por los militares hasta
que fue depositado en una ataúd y conducido en avión hasta el
cementerio Santa Inés de Viña del Mar, donde fue enterrado al día
siguiente en presencia de Tencha Allende, el edecán naval Roberto
Sánchez, unos pocos familiares y cinco sepultureros como únicos
testigos.
En 2003, esos mismo cinco sepultureros que participarán de la
exhumación de 1990 recordarán en un reportaje de la revista
Siete+7 que a las pocas horas de ser enterrado en Viña del Mar el
ataúd con los supuestos restos de Salvador Allende fue robado por
un grupo de pobladores que abandonaron el féretro en plena carrera
al ser sorprendidos por militares. “El féretro llegó de vuelta a la
tumba en muy mal estado”, recordará uno de los sepultureros.
El mismo año de la primera exhumación, en un reportaje de revista
Análisis, una pobladora llamada Ana Vergara que participó del
robó del ataúd dirá que el hecho estuvo motivado por la necesidad
de certificar que quien se encontraba dentro era efectivamente
Salvador Allende. Aunque la cabeza estaba destrozada, Ana
Vergara y otros pobladores no tuvieron dudas de que así era.
Informes contradictorios
La exhumación del lunes último persigue el mismo objetivo con
métodos científicos. Certificado esto, el equipo liderado por el
médico forense español Francisco Etxeberría se abocará a la tarea
de contrastar las pericias originales con lo que evidencien los restos
óseos.
Dos informes realizados en 1973 se conocen desde que el año 2000
fueron publicados en el libro La Conjura, de Mónica González: la
autopsia y un peritaje balístico. Si bien ambos estudios debieran ser
concordantes, el análisis realizado este año por el Servicio Médico
Legal por encargo del ministro Carroza arrojó sorpresas.
La pericia balística fue realizada por funcionarios de
Investigaciones que se constituyeron en La Moneda la tarde del
11 de septiembre. En sus conclusiones quedó consignado que “la
muerte del señor Allende Gossens se produjo como consecuencia
de una herida de bala que tiene su entrada en la región
mentoniana y su salida en la región parietal izquierda. No se
descarta la posibilidad que se trate de dos trayectorias
correspondientes a dos disparos de rápida sucesión”.
Si bien ambos peritajes resultaron coherentes para el fiscal
Earlbaum, quien en 1974 estableció que la causa de la muerte de
Allende había sido el suicidio, el reciente estudio del Servicio
Médico Legal acusó incoherencias entre los peritajes originales al
advertir una “discordancia respecto a la trayectoria intracraneana
del proyectil disparado”.
Tras la exhumación del cadáver, el equipo a cargo del examen
tanatológico deberá resolver las discrepancias entre ambos
estudios y contruibuir a cerrar un capítulo de la historia que se
arrastra hace casi cuatro décadas.
Inventario de bienes
La siguiente es la lista de bienes encontrados en el Salón
Independencia donde murió Salvador Allende. La mayoría se
supone perdida.
-La espada de O’Higgins.
-Bastón estoque de 1903.
-Metralleta AK-47 con la inscripción “A Salvador Allende de su
compañero de armas Fidel Castro”.
-Reloj Jaegger LeCoultre.
-Anteojos Mustang.
-Pañuelo azul con lunares rojos.
-Un telegrama despachada desde Rancagua por el intendente de
O’Higgins.
-Una carta del 05/09/1973
-Papel con número de teléfono (484209).
-Un llavero marca Flood.
-Un casco modelo NA – iniciales JMF.
-Cinturón de cuero.
-Dos cargadores.
-Dos vainillas.
-Una bala.

 

 

Viernes 9 de Septiembre 2011 Radio Cooperativa
Funeral del ex Presidente Allende se realizó en forma privada
En forma privada se concretó durante la jornada del jueves el
funeral de ex Presidente Salvador Allende, luego de concluida la
investigación judicial que confirmó el suicidio como causa de
muerte, y que motivó su exhumación en el mes de mayo. La
ceremonia estaba programada originalmente para el domingo
pasado, pero se suspendió por la tragedia aérea ocurrida en Juan
Fernández.
En un comunicado publicado en el sitio web de la Fundación
Salvador Allende se informó que en la víspera, "en una ceremonia
estrictamente privada, en compañía de sus familiares y cercanos,
fueron trasladados este jueves en la mañana los restos del Presidente
Salvador Allende desde el Servicio Médico Legal hasta el Mausoleo
de la familia Allende Bussi". En el lugar, la senadora Isabel Allende
dirigió unas palabras en recuerdo del ex Mandatario y agradeció las
muestras de cariño expresadas durante estos días. La familia
Allende y la Fundación reiteraron también "sus agradecimientos a
todos aquéllos que quisieron acompañarnos desde todos los
rincones del país, pero debido a los distintos acontecimientos
ocurridos recientemente se optó por un acto privado e íntimo".
Al anunciar la decisión de suspender el carácter público de la
ceremonia, la familia había indicado que "compartiendo el dolor
que afecta al país por la tragedia acontecida en el Archipiélago Juan
Fernández y en aras de respetar el sufrimiento de los familiares de
las víctimas que tienen sus deudos en el Servicio Médico Legal.
hemos decidido efectuar el traslado de los restos del Presidente
Salvador Allende Gossens en forma privada".

 


Fallo primera instancia - sobreseimiento - Salvador Allende - 2012

 


Esta pagina fue modificada el 17/07/2010

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